El campamento primaveral de los Philadelphia Phillies arrancó con un tema que sigue generando conversación dentro y fuera del clubhouse: la reacción de Bryce Harper ante los comentarios públicos realizados meses atrás por la directiva del equipo sobre su nivel de juego.
El dos veces Jugador Más Valioso admitió que todavía le resulta “raro” que el presidente de operaciones de béisbol, Dave Dombrowski, cuestionara públicamente si el estelar inicialista sigue siendo un jugador de élite, algo que —según el propio Harper— rompió con la filosofía interna de manejar este tipo de evaluaciones de manera privada.
Un comentario que dejó huella
Harper explicó que ese tipo de declaraciones no lo motivan, pero sí lo sorprendieron, especialmente porque desde su llegada a la organización se había acordado mantener los asuntos internos dentro del equipo. El jugador reconoció que su temporada anterior no estuvo al nivel esperado, tanto en la campaña regular como en la postemporada.
En 2025, registró números por debajo de sus estándares habituales —incluyendo un OPS de .844, el más bajo en años— y una actuación discreta en playoffs, factores que alimentaron el análisis crítico desde la gerencia.
Autocrítica sin perder confianza
A pesar de admitir que no alcanzó el rendimiento deseado, Harper dejó claro que no necesita críticas externas para impulsarse. Su enfoque sigue siendo interno, basado en su propia exigencia competitiva y en el compromiso con el club, con el que mantiene un contrato a largo plazo.
Dombrowski, por su parte, había señalado que, aunque la campaña del slugger no fue mala, no cumplió con los estándares que se esperan de un jugador considerado entre los mejores del béisbol, abriendo el debate sobre si puede regresar a ese nivel dominante.
Mirando hacia adelante
Con seis años restantes en su contrato multimillonario y el objetivo de volver a la cima de la Liga Nacional, Harper encara la temporada 2026 con el desafío de responder en el terreno a las dudas surgidas tras la eliminación temprana del club en octubre.
El episodio refleja la presión constante que enfrentan las grandes estrellas y la delicada línea entre la evaluación pública y la gestión interna en organizaciones que aspiran al campeonato. Para los Phillies, la historia aún está en desarrollo; para Harper, la respuesta llegará —como siempre— con el bate.
