El ex astro de la NBA, Michael Jordan, compareció este viernes en un tribunal federal en Charlotte, Carolina del Norte, dando comienzo al juicio antimonopolio que su equipo 23XI Racing —junto a Front Row Motorsports— interpuso hace poco más de un año contra NASCAR.
El trasfondo del conflicto
La demanda cuestiona el sistema de “charters” de NASCAR —esencialmente licencias que garantizan un cupo en la serie principal a determinados equipos— como un mecanismo de monopolio que limita la competencia, controla ingresos y asfixia la libertad de los equipos. 23XI y Front Row decidieron no renovar el contrato de membresía en 2024, lo que detonó la demanda.
Los demandantes acusan a NASCAR de prácticas anticompetitivas: restricciones para competir en otros eventos, obligación de comprar piezas aprobadas por el organismo, y control absoluto de las pistas y los ingresos, lo que, según ellos, deja a los equipos sin voz ni posibilidad real de negociar.
Lo que dijo Jordan en el estrado
Durante su declaración, Jordan aseguró que desde niño es fanático de NASCAR, pero que no tuvo otra opción que demandar ante lo que calificó como un “modelo injusto” que favorece solo a quienes cumplen con las reglas rígidas del charter. “Sentí que podía desafiar a NASCAR en su totalidad”, declaró ante el jurado.
El exjugador afirmó que invirtió cerca de US$ 40 millones en su equipo, buscando competir de forma justa —y afirmó sentirse obligado a actuar ante lo que considera una estructura que “ahoga” a los equipos independientes.
También criticó directamente el sistema de charters, comparándolo con una franquicia deportiva tradicional, y señaló que lo que ofrece NASCAR actualmente no representa una verdadera asociación: “Tienen contratistas, no socios”.
Qué está en juego para NASCAR y el automovilismo estadounidense
Este juicio es potencialmente transformador para NASCAR y toda la industria del automovilismo en EE. UU. Según expertos, el veredicto podría:
Desmantelar el sistema de charters, obligando a la serie a reformular su modelo de negocio.
Forzar a NASCAR a renegociar condiciones con los equipos, otorgándoles mayor voz, reparto de ingresos más justo y libertad para competir en otros eventos.
Generar un precedente legal histórico. De prosperar la demanda, no solo 23XI y Front Row tendrían derecho a cambios, sino que otros equipos e incluso categorías menores podrían cuestionar sus contratos bajo las mismas premisas.
Por otro lado, una victoria de NASCAR podría reafirmar su modelo como estándar, enviando un mensaje claro de control absoluto sobre la estructura de la categoría.